La nota
y el recuerdo
de la maestra
se deshacían
en un fuego
no apto
para bomberos.
La vereda
aventuró el olvido
con un poco
de chocolatada
y otro poco
de envido.
Mermelada
y pan
ronronearon
al entrar
el pibe
con la cara mugrienta,
hinchado
de espíritu.
relegada
por las canilleras,
picó el anzuelo
de la noche.
Pero el tiempo
se fugó
hasta mañana.
Y no sabe
cómo
volver.
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