Dame la patita.
Pique corto al infierno.
Restos
canosos
en exceso,
derroche de
botellas
de buen calibre,
de noches, días,
fantasías
dignas
de perro callejero
que morfa vidrio
y juega al western
contra sí mismo.
Quería un templo Shaolin
rodeando tu cintura.
Me voy,
con dudas
sobre cada gol hecho
y con detalles
magulladosen los ceniceros,
que nunca
se van a hacer cargo
del sutil
aluvión
que batió
tu vuelo
y se fue por ahí
a rifar
mi
árida
empresa.
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